a curotiña y a curota

... los ojos son unos ilusionados embusteros.
Ramón María del Valle-Inclán


Desde A Curotiña, las bateas que llegan hasta Boiro parecen fichas de dominó en un tapete azul, extendido más allá de los límites que le impondría una mesa de salón.


Una inscripción nos cuenta que a estos miradores de Barbanza “acudía con frecuencia don Ramón para contemplar y saborear los paisajes de los antepasados y de su creación literaria”. Y colocaron aquí un busto del escritor, unido a un merendero y orientado al mar, intentando inmortalizar su elegida mirada.

Ya en A Curota, a algo más de 500 metros de altura, la vista se amplía y A Pobra do Caramiñal se dibuja pegada al puerto y a la playa. La isla de enfrente es A Illa de Arousa, unida al otro lado de la ría por un puente de dos kilómetros, inaugurado en 1985 y considerado el más largo de Galicia.


Desde aquí, de hecho, se ve con nitidez toda la ría de Arousa y más, incluida la isla de Sálvora, antesala del mar abierto. Hacia la derecha del mirador, la pista que transitábamos se pierde en la montaña, al paso de una caseta de vigilancia con panorámicas envidiables.


Hacia el otro lado, el cañón del río Barbanza se impone en el paisaje, y nos traslada de repente del mar al agua dulce con apenas tiempo para darnos cuenta.


En dirección al parque eólico, es común ver caballos que transitan libremente, y que saben guardar la distancia perfecta entre salir en la foto y estar prestos a cambiar de pastos ante el mínimo intento de querer compartirlos con ellos.


No sabemos cuánto influyó este sitio en Valle, ni si se trasladó a él cuando, escribiendo Luces de Bohemia, puso en boca de Max Estrella las palabras del comienzo de esta entrada. Seguro que no recordaba ni a Curotiña ni a Curota por lo de embusteros, pero apostaría que sí lo hacía cuando quería ilusionarse.


A Curotiña y A Curota. A Pobra do Caramiñal. A Coruña


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